¿Cómo viviste la Promoción y el descenso?
Con muchísima intensidad, angustia y, obviamente, desazón ante el desenlace. El día del descenso, estuve en el Monumental -al igual que en las grandes jornadas de triunfos- y vi llorar pibitos, cosa que me hizo pensar mucho en la responsabilidad que tenemos los mayores para transmitirles aliento e identidad. Por eso no lloré.
¿Qué les decís a los que te vinculan con Aguilar?
Lo voté, como lo hizo la mayoría en su primera elección. Defendí desinteresadamente su causa en esa época, porque ese personaje encantador -de serpientes- proponía una nueva mirada dirigencial, joven y creativa. Exhibiendo una idea de que un club no debe ser un criadero de futuras estrellas, sino un ámbito dinámico y sólido.
Me han ofrecido cargos, privilegios y cosas que nunca acepté. Renuncié a reclamos de derechos de autor por toda utilización que el club diera y dé a mis obras. Jamás encaré mi música riverplatense como un objeto de marketing.
¿Qué fue lo que te motivó a editar este disco?
En primer lugar, venía hace tiempo con infinidad de pedidos de los hinchas para que hiciera más canciones, ya que se cumplen 15 años desde que hice la marcha “El más grande”, que fue un éxito bárbaro y junto a otras canciones dedicadas a esta pasión acompañaron el andar entre laureles de toda aquella época.
Es así que sentía, hace tiempo, el compromiso con los riverplatenses. Pero yo también necesitaba expresarme y no “gambetear” esta etapa tan dura que el destino -y otros personajes y situaciones- nos han puesto por delante. Me hizo y me hace muy bien haber completado este trabajo. Es totalmente transparente y desnuda todas las sensaciones de los días que nos tocan vivir.
Leé más de la nota a Copani en Riverplate.com.