Nuevamente la Asociación del Fútbol Argentino toma una decisión que divide las aguas y nos deja reflexionando sobre el accionar de una institución que por su importancia social y popular nos obliga a entrometernos.
La designación de Sergio Batista al frente del seleccionado nacional de fútbol, más allá de haber estado confirmada y asegurada desde hace tiempo, no elimina la sensación de vacío que genera el ver a un técnico que sin ser un ignoto, no acumula los pergaminos de otros y llegó a tocar el cielo por el “tubo” que dispuso AFA para su designación.
Nadie duda de los antecedentes que el Checho tenga con la selección, ni tampoco de su capacidad. Pero es imposible no ponderar a otros por sobre él, cuando los números marcan que Batista todavía no ganó nada en nuestro fútbol como entrenador, y hay otros técnicos capacitados y con demostrada vocación y éxitos a la vista.
No se trata de desmerecer, sino hacer un estudio más amplio, y no la burla que significó el “conclave” orquestado por AFA, que sólo sirvió para que los dirigentes (entre ellos Mario Contreras), coman algo rico y pasen un buen momento, cuando Batista era el entrenador designado desde antes del partido amistoso con Japón.
Nos olvidamos en estas situaciones de ampliar el abanico y darle la oportunidad de competir a hombres con antecedentes, o por lo menos mostrar un sentido crítico por las decisiones que se han tomado mal, e intentar ser mejores en la elección. Hablo de Russo, Simeone, Sabella, hasta el propio Sensini, que supieron construir buenas procesos, más allá claro de no tener el futuro asegurado.
Lo de Batista pareció ser la decisión más fácil, la que estaba a mano en el complicado entramado de AFA. No cambiar demasiado, no estudiar demasiado, y que todo siga su curso. Pero por supuesto, esperemos que sea un futuro con éxitos.
Un ninguneo más para los técnicos exitosos de nuestros clubes
La designación de Batista al frente de la selección es como mínimo controvertida. Es más fácil dirigir a los menores y llegar a la Albiceleste, que recorrer un camino de flores en los clubes y candidatearse. El simplismo de nuestro fútbol en su máxima expresión.