Independiente Rivadava en crisis, último y lleno de dudas

La Lepra sufrió anoche en el Gargantini su peor caída de los últimos tiempos. Además, atraviesa una racha negativa sin victorias, que no vivía desde el Nacional B temporada 2001-2002.

Foto: Pachy Reynoso / MDZ
Foto: Pachy Reynoso / MDZ

Lo perdió desde el comienzo. Con cada puesto, con cada nombre, se tradujo en cada falla, en cada yerro, y desfiguró una historia cercana a las pesadillas, producto de la inexpresión misma de los que están dentro del campo.

Un jueves por la noche en el parque no se salvó nadie. Le escaparon feo, jugadores y cuerpo técnico. Plasmando la más floja producción Leprosa de los últimos años y hundiendo en un mar de dudas a un club que late, respira y vive fútbol, y hoy reclama una salida urgente. 

Claro, pero todo tiene una explicación. Porque este flojo equipo que venía a los tumbos luego de cinco fechas, se lo desarmó y ayer al Gargantini saltó otro distinto. Uno con esquema nuevo y con variedad de nombres. Pero la ecuación no cerró.

El estreno del 3-4-1-2 decepcionó y desde el arranque mostró su nula respuesta para contener los embates del rival. Esto sumado a una línea de volantes que entre la falta de fútbol y la “novedad” de ubicarse una zona poco conocida, dio suicidas ventajas que resultaron fulminantes.

Sólo Aveska, por voluntad y entrega, se salvó en un fondo que tuvo a Loeschbor en su más flojo partido y a un Guillermo Franco que permitió siempre el ingreso por su sector. Necesita más trabajo la línea de tres, que de no estar aceitada termina por sucumbir como ocurrió en el parque.

En la mitad se deambulaba, y San Martín no tardó mucho en darse cuenta y sacar provecho. Solís sintió la falta de fútbol, Ledesma no atacó ni defendió, Romero chocaba con De la Vega y sólo Garipe tuvo claridad de pensamiento como para ir hacia delante. Allí falló Quiroz que armó un mediocampo sin juego y con caras totalmente nuevas.

Ante la necesidad Quiroz mandó a la cancha todo lo que tenía y le devolvió protagonismo a jugadores que no deberían haber salido. Caballero egoísta y todo, intentó jugar y Fileppi le dio el avance por izquierda que el equipo no tenia y como si fuera poco Pérez Tarifa le aportó el gol, pero el partido estaba sentenciado hacia rato.

Tambaleante, un equipo que agrupó gente arriba, sufrió las contras de un Santo tucumano que se devoró táctica y técnicamente a Independiente, goleándolo y dejándolo último solo.

Deberá cambiar y mucho este equipo. Pero no de nombres o posiciones, sino un cambio interno que permita catapultar a un grupo al protagonismo de quien confiado en sus posibilidades da el máximo por el objetivo común. Sólo en equipo  se puede salir de esta y todavía queda mucho camino por andar.

Desde la temporada de B Nacional 2001-2002 que la Lepra no atraviesa una racha negativa de estas características. En aquella oportunidad todo se acabó con un triunfo ante San Martín de San Juan. Claro, las rachas están para romperlas. El martes hay otra oportunidad.