Ni el más pesimista hincha de Independiente imaginaba hace 25 años que ese festejo tras ganar la séptima Copa Libertadores sería el último. Pero así fue: el Rojo, el "Rey de Copas", el "Orgullo Nacional" recuerda hoy con un dejo de nostalgia su último triunfo grande.
Ese equipo dirigido por el "Pato" Pastoriza salía de memoria. Goyén el arco; Clausen, Villaverde, Trossero y Enrique en la defensa; el increíble mediocampo que formaban Guisti, Marangoni, Burruchaga y Bochini; y arriba, Barberón y Bufarini o Percudani.
La campaña de Independiente en esa Libertadores fue contundente: cuatro victorias, un empate y una derrota en la fase inicial, donde compartió grupo con Estudiantes, Olimpia y Sportivo Luqueño.
En esa etapa, logró dos triunfos clave en Avellaneda: la goleada por 4 a 1 ante Estudiantes, y la agónica victoria ante Olimpia.
Tenía que vencer a los paraguayos para avanzar a semifinales, y faltando pocos minutos para el final del partido caía 2 a 1. Burruchaga puso el empate de penal, y Bufarini, tras una gran jugada entre Bochini y Barberón, le dio el gol que clasificó al Rojo a la próxima instancia.
En semis, Independiente consiguió dos grandes empates en sus visitas a Montevideo (1-1 frente a Nacional) y por Santiago de Chile (0-0 con Universidad Católica), y liquidó a ambos en la Doble Visera, por lo cual accedió nuevamente a una final de Copa Libertadores.
En la final esperaba el último campeón de la Copa, el Gremio de Porto Alegre. Independiente jugó la primera final en Brasil, y ese partido es recordado con la mejor actuación de un equipo argentino en el vecino país. El 1 a 0, con gol de Burruchaga, resultó amarrete. El equipo de Pastoriza "bailó" a los brasileños, y se fue aplaudido por todo el estadio.
La revancha se jugó el 27 de julio de 1984 en Avellaneda y fue un trámite. Ninguno arriesgó más de la cuenta, y el empate sin goles le dio otra Copa Libertadores a Independiente.
Hoy, lo que queda de la Libertadores en Independiente son recuerdos y el nombre de un estadio sin terminar. Muy lejos de aquella época gloriosa, el club de Avellaneda está más preocupado por las deudas y el promedio del descenso que por intentar volver a ocupar un lugar destacado en el plano internacional.
Desde aquel título de la mano de Pastoriza y Bochini, los hinchas del Rojo tuvieron pocos motivos para festejar. Tres títulos locales y otros tres a nivel sudamericano no alcanzan para satisfacer a los simpatizantes de Independiente, que ven cómo en los últimos años otros equipos, principalmente Boca, le disputan el mote de "Rey de Copas".
¿Cómo llegó un club modelo a este presente? Las causas se pueden explicar por malas decisiones dirigenciales, que contrataron caro y mal, y abandonaron la línea de austeridad que tenían las anteriores autoridades del club.
Las millonarias ventas de Forlán, Vuoso, Milito, Agüero, Ustari, Denis y ahora Montenegro no alcanzan para sanar las finanzas. Por eso, el presente es complicado: sin plata, sin un plantel competitivo, sin inferiores que nutran al equipo y sin un estadio terminado, a los hinchas del Rojo sólo les queda vivir de los recuerdos, y soñar con un futuro que se asemeje en algo a ese pasado de triunfos y glorias.