Independiente Rivadavia repite argumentos y cae incesantemente en la obviedad. ¿Habrá forma de variar su magra producción?
Aquellos que de fútbol saben, o creen saber, dicen que en él no existe la perfección. Algunos se dicen a si mismo “Bilardistas”, por su condición rigurosa y metódica sobre un deporte, y otros, “Menottistas”, que creen se debe desarrollar en el lirismo absoluto de una gambeta instantánea o una producción individual sorpresiva.
Quizás fue la Naranja Mecánica de Johan Cruyff, la que vapuleando a la Argentina en el mundial de 1974, se acercó más a la condición de “imbatibles”, haciendo gala del fútbol total. Una impecable muestra de juego rotativo y técnico, entre los once jugadores.
Sin dudas que llegar a esta condición es prácticamente imposible, salvo que se tenga a once monstruos juntos como los tuvo alguna vez Holanda. Sin embargo la idea de variar y buscar opciones permanentes, es lo que tanta falta hace en nuestro fútbol y que otorga a los que lo comprenden una diferencia sobre los demás.
Aquí entra en escena Independiente Rivadavia, que parece haber perdido el rumbo desde que la primera parte del torneo expiró. La conducción de Jorge Ribolzi no produjo mejorías y por el contrario, la Lepra parece estar bloqueado.
Desde el empate en cero ante Tiro Federal, que la producción de Independiente presenta siempre la misma falencia: no hay variantes ofensivas.
Se puede rescatar el utópico partido ante Belgrano de Córdoba, a pesar de que las condiciones otorgaban mayor espacio para lastimar. Esto sumado a la superlativa producción de Caballero. Pero no más que eso.
La Lepra parece tener un solo recurso y es el centro permanente para el solitario Luis Tonelotto. Basta con que el rival coloque dos centrales altos para anularlo. Como sucedió ante Chacarita, por ejemplo.
Todo lo hace tan fácil Independiente. Para sus rivales claro. Que en ningún momento intenta diagonales rápidas o la siempre eficiente sumatoria de hombres arriba. Esto pensando con criterio para un mayor peso ofensivo y no un aglutinamiento desesperado, como sucede cuando el partido se escapa.
Falla arriba el Azul. La ausencia de Gómez sin dudas que es importante, pero un equipo conformado para ascender no se puede dar el lujo de trasformarlo en determinante. Aquí se puede caer sobre la mala elección de algunos jugadores, o la paupérrima actuación de Carignano y Ortega. Pero esa es discusión para otro momento.
Es hora de dejar de ser previsible, de romper la estructura y causar desorden. Pero desorden en el rival, desorden en su estructura y rotando como alguna vez lo hizo Holanda. Sin poder igualarlo por supuesto, pero ¿porque no imitarlo?, total en el fútbol no hay perfección.
Independiente Rivadavia parece no encontrar el rumbo
Desde que se fue la dupla técnica Bolado-Carbini, y la posterior asunción de Jorge Ribolzi, tanto los resultados como el funcionamiento de un equipo armado para el ascenso siguen ausentes.