El regreso a casa para Independiente Rivadavia no fue el soñado. Distante estuvo el conjunto de Jorge Ribolzi de convencer con argumentos claros a sus hinchas y de zamarrear bien lejos, la pesada mochila del debut.
La utilización de un esquema que obliga a los volantes a ser la brújula del equipo y a estar tan atentos en la marca como en la creación, transformó el orden ganado en el pasado, en desorden generalizado.
El mayor inconveniente para el Azul, se presentó cuando el círculo central fue camino liberado, al no encontrarse Coudannes con Garipe, quienes por momentos, alborotados, no llevaron serenidad ni se encargaron de su tarea principal: el equilibrio.
En ataque el desconcierto también reinó. Martín Gómez tuvo la lanza la mayor parte del encuentro y se acopló bien a un Ariel Ortega movedizo y encarador. Sin embargo, esto no alcanzó para vulnerar la bien parada defensa visitante y ante la floja acción de los volantes en ataque, sumado a la imprecisión de Carignano, Independiente se quedó sin respuestas.
Ribolzi no debe haber soñado esto la noche anterior al encuentro. Seguramente el equipo de sus sueños presentaba dinámica y criterio, para atacar y defender, más la población en la zona media que le garantizaba el control de la pelota. Esto es lo que el entrenador ideó, pero que por meritos del rival y también falencias individuales, Independiente no concretó.
Las variantes no sirvieron demasiado, ni alteraron el accionar colectivo. Al juvenil Pérez se lo vio encarador y Diego Caballero buscó desde afuera lo que no se conseguía por dentro. Un recurso valido cuando el embudo es demasiado estrecho.
Deberá trabajar Independiente para revertir esta imagen, especialmente pensando en el partido que se viene, cuando deba romper, si pretende pelear, con su negativa racha fuera de casa.
Independiente cambió, pero para mal
Luego del empate ante Tiro Federal de Rosario, afloraron las falencias de un equipo que no supo explotar su nuevo esquema de juego. El desorden generalizado atentó contra el sistema.