El deporte de Mendoza está en crisis. La afirmación, por más trillada que parezca, no deja de preocupar. Algunos dirán que la actualidad es un reflejo de la historia, ya que los atletas mendocinos destacados y que trascendieron no fueron muchos. Pero más allá de algunas excepciones, no se vislumbra un freno que pueda detener un declive cada vez más pronunciado.
Más allá de los esfuerzos individuales de los Blanco, D’Elía, Farías, Sicilia o Labarda, no aparecen en la provincia proyectos claros y a largo plazo que conviertan a Mendoza en un centro deportivo relevante, como correspondería por ser la cuarta provincia más importante de un país donde la pasión deportiva no conoce límites.
Tal vez Godoy Cruz Antonio Tomba y su trabajo continuado desde hace casi una década sea el ejemplo a seguir por muchos clubes que siguen atrapados en estériles discusiones internas, dirigentes eternizados, y falta de liderazgo y capacitación.
Pero para entender esta realidad, hay que comenzar por las causas. Y éstas no aparecen en la punta de la pirámide, en el deporte de alto rendimiento, sino que para comprender la situación hay que empezar a analizar lo que ocurre en la base, en la etapa formativa, donde la escuela y el club se transforman en herramientas fundamentales.
Y allí aparecen opiniones clarificadoras, como la de Mario Contreras (presidente de Godoy Cruz A.T.), que sostiene que los clubes hoy no cumplen con el rol social y que sólo se preocupan por “descubrir” deportistas de elite, o la de José María Ferreyra (director de Alto Rendimiento), quien asegura que en la actualidad los municipios ocupan el lugar que le corresponde a los clubes.
Desde el Estado, las soluciones tampoco llegan. Si bien el gobierno de Celso Jaque avanzó en materia deportiva al darle rango ministerial a la Secretaría de Deportes y al crear la Dirección de Educación Física en la DGE, todavía falta mucho para encontrar una salida.
Una herramienta clara para descubrir cuánto le importa el deporte a la administración jaquista es el presupuesto. Y ahí encontramos un déficit: la Secretaría que dirige Beatriz Barbera maneja una pauta de gastos de $14,4 millones al año, es decir un 0,3% de un presupuesto general que supera los $5.000 millones.
En estos momentos donde la sociedad mendocina pone otra vez los ojos en la inseguridad, la dirigencia política vuelve buscar parches en lugar de tratar de encontrar soluciones concretas y que apunten a atacar el problema de la delincuencia desde las bases.
Si el deporte es un factor imprescindible para la inclusión social, mejorar la calidad de vida, alejar a la juventud del peligro de las adicciones, y fomentar valores como la solidaridad, el respeto con terceros y con las reglas, la autoestima, entre otros, la pregunta que surge es por qué no se destinan más recursos para apoyar programas deportivos en lugar de insistir con medidas represivas que, a la luz de los hechos, claramente no han arrojado buenos resultados.
Por eso, es clave atender los deportes en escuelas, clubes y municipios. Será tarea del Gobierno facilitar el presupuesto adecuado, profesores capacitados y el instrumental necesario para que todo aquel que quiera hacer deporte, pueda desarrollarse.
Por su parte, los dirigentes de los clubes deberán capacitarse y apoyar el recambio para evitar la “eternización” en el manejo de alguna entidad. También tendrían que elaborar proyectos que generen recursos y reportar a federaciones sobre su accionar.
De todas maneras, es elogiable que se le de autonomía y se jerarquice el deporte en el Gobierno, más allá del presupuesto paupérrimo. O que se ubique en la Secretaría de Deportes a una ex atleta con experiencia en gestión, algo que varios actores del sector en Mendoza aplauden.
Justamente, esta Secretaría de Deportes, como entidad madre, deberá controlar a los clubes. Y si bien su función es apoyar a todos los atletas, también tendrá que implementar los mecanismos necesarios para que de esa gran masa de deportistas se seleccionen a los mejores para que puedan llegar al alto rendimiento y convertirse en atletas de elite, que sean ejemplo para el resto de la sociedad.
También es significativa la creación de la Dirección de Educación Física, pese a que esta dependencia de la DGE tenga que trabajar todo este año sin presupuesto propio. Algo increíble si se tiene en cuenta la importancia que tiene la escuela en la formación deportiva de los más chicos.
Pero no alcanza. El Gobierno dio sólo un paso hacia adelante, pero recién se podrá saber con mayor exactitud si el deporte es un área importante para el Ejecutivo con la conformación del presupuesto 2009.
La dirigencia también tiene una responsabilidad importante en esta realidad opaca del deporte mendocino. “Hay que cambiar la mentalidad de la dirigencia. Y la clave está en la palabra proyecto”, afirma Humberto Pagano, titular de la Confederación Mendocina de Deportes, entidad que aglutina a 42 federaciones y 39.000 atletas.
Mendoza está lejos del primer nivel deportivo nacional, y a años luz del contexto internacional. Pero con pequeñas acciones y grandes gestos de políticos y dirigentes, esta realidad se puede comenzar a cambiar, “pulgada a pulgada”, como sostiene el remero Horacio Sicilia.