Daniel Oldrá y los corazones sin rumbo

La pálida imagen que mostró Godoy Cruz en La Plata dejó a varios hinchas con sus epítetos atravesados que tenían como destino al técnico tombino. Los dirigentes respaldan el trabajo y Oldrá aseguró que dejará el buzo de DT cuando él quiera.

Foto: Marcelo Ruiz
Foto: Marcelo Ruiz

Corazones sin rumbo es una de las grandes obras del cineasta español Benito Perojo. La sinfonía urbana de esta pieza del cine mudo explicaría sin palabras la realidad de los fanáticos tombinos y del entrenador, incluido entre ellos.

Oldrá tambalea en el banco y no encuentran el “trole” para salir del túnel que lleva  a Godoy Cruz a una campaña olvidable y con destino poco feliz.



La realidad del Expreso es un tango de Cátulo Castillo o de Homero Manzi, melodías grises y con tintes agónicos a la hora de ganar un partido. El único triunfo de local se festejó sobre la hora y  con el torpe fantasma del pasado bailando en el tinglado.

Oldrá armó su equipo con lo que le dieron y no le quedó otra que jugar confiado en la ceguera del azar. Cambió el equipo en más de una ocasión, los jugadores ya no tienen  puestos fijos y que el once titular salga de memoria está demasiado lejos.

Una defensa con cinco jugadores, luego con cuatro y finalmente con tres, un día por derecha y otro por izquierda. Jugadores que parecen pintados y de repente son titulares para luego volver a quedar como La Gioconda, son algunas de las tantas repeticiones que se pueden ver en este ciclo del Gato.

Con la mente puesta en permanecer, el entrenador tombino, asegura quedarse en el banquillo. Pero lo cierto es que su equipo va pisando despacito, como quien desconfía de una trampa y ya quedó demostrado en los datos del pasado que para seguir hay que ser valiente y mostrar la misma chapa en todos los feudos. Esta bastante lejos de tararearse por la bodega un tango de Juanca Tavera, que debería empezar a relojearse. "Vamos, corazón, no te me quedes  / si las piñas de la vida / te abollaron las paredes/ estás gastando tu turno de latir /empecinado en sufrir. 

Los hinchas se muerden su descontento y en la cancha no piden el exilio obligado del Gato, por una cuestión de respeto a uno de los ídolos más importantes del club en los últimos tiempos.

Se ha tolerado tanta venta de ilusión; se ha rifado el corazón ha extraños del lugar que darle un poco más de soga a un entrenador que creció en el Gambarte no suena para nada tirado de los pelos.

Los dirigentes aguantaran sin dudas a este hijo prodigo, lo han manifestado micrófono delante y hasta el mismo entrenador lo ha reafirmado para más de un grabador. Pero si los resultados no acompañan, el Expreso continuará en la estufa y la gente dejará la calma y el respeto en un rincón.

Para algunos, el fútbol dejó de ser juego hace rato y esto no es tan así, pero qué decirles a ellos que fatalizan un centro mal tirado o un penal no convertido si viven de prepo y hasta duermen apurados.

El futuro puede deparar un bien inesperado o un mal no deseado, la realidad indica que sí el Tomba no cambia estamos en las puertas de una campaña para guardar rapidito bajo la alfombra y esperar que las secuelas no sean de retroceso.