Cuando las cartas ya están echadas en este juego vibrante, la manga azul oscuro permite divisar celosamente su jugada ganadora. Es el As de Independiente Rivadavia, quien aparece en escena portando el estandarte de victoria.
Martín Gómez se lo llama al diferente, incluso hoy más diferente que Ortega y más comprometido que el mismo tambaleante Trotta.
En este juego de voluntades, la suma de las partes no iguala al exponente máximo del ataque. Con la siete en la espalda se gana un diez en actitud, en entrega, en inteligencia y porque no en frialdad para seducir a la bola, invitándola a un letargo casi eterno, en las piolas del Malvinas.
Ante Los Andes, Gómez fue el destacado y no sorprende. Se entregó permanentemente por la causa colectiva e incluso en los momentos de mayores desconciertos, supo inquietar a un contrincante acomodado. Le basta con insinuar para alborotar al rival.
Su velocidad es determinante para un equipo que necesita de el y, debe ya comprender su juego diferente. Coudanes y Negri por momentos demoraron demasiado la entrega al puntero del equipo y despilfarraron posibilidades anunciadas por las características del Petiso.
Supo aliarse de manera perfecta con Gabriel Roth tras su ingreso, relegando a la segunda opción, el buen pie de Ariel Ortega. Y con esa formula se hizo la luz, en una noche que de oscura no permitía ver el azul profundo de Independiente.
Nuevamente Martín Gómez se destacó por encima del resto y sacó chapa de figura, con un gol y cien corridas, con un gol y cien intentos, con un gol y mucha entrega, para consagrarse en el parque y recibirse de ídolo.
Martín Gómez, el héroe de un triunfo agónico
Fue el jugador más importante en Independiente Rivadavia, que ayer le ganó sobre la hora a Los Andes. El delantero se destaca por su entrega, velocidad y picardía. Ahora también le agregó gol.