Por Pablo Marcelo Pérez
Termino siendo una tarde de lamentaciones. Todos llorando en el féretro, de aquel que luchaba por mantenerse con vida y en un abrir y cerrar de ojos descendió a las profundidades añosas.
Fue un extraño referente en su corto deambular que insospechadamente y en su propia casa cayó fulminado por dos disparos a quemarropa – contaban las crónicas de aquella tarde otoñal – y por la espalda.
Y un funebrero vino a buscarlo, alzando entre sus impiadosas garras la hoz del escape terrenal. Disfrazado de sepulturero y con el apellido resaltando en su frente: “Milla”
El alma de ese leproso acribillado por la retaguardia término por evaporarse y sus sueños de seguir siendo en el duro caminar de la B Nacional acabaron por desterrarse definitivamente.
El Chaca le armó el funeral y la lepra se entregó a su ritual de despedida.
Lo inexplicable quizás, para añadir a esta introducción cargada de surrealismo es saber entender, que si no existe una hecho fuera de común o de fuerza mayor a lo largo de 90 minutos de partido, es prácticamente impensado terminar perdiendo un partido que estaban ganando de los 15 segundos de juego .
Ahí apareció Gómez, en ese amanecer del match para con un golpe de cabeza convertir en fuego el partido.
Ganancioso el once de Trotta y a pesar del mucho camino por recorrer mantuvo el equilibrio ideal para sostener el ímpetu de los de San Martín. Estos, tambaleando por el golpe asestado tomaron la posesión del esférico y con la garantía de buena entrega de Gallardo mas los chispazos de habilidad de Figueroa y la potencia de Milla le llegaron tres veces al hocico de Vivaldo, que en una pudo evitar la caída de su templo y en las restantes terminó cruzando los dedos.
Hasta el cierre de este parcial, el balance que parecía favorecer a la visita se emparejó en cierta medida por la locuaz aplicación al no permitirse cansar que exhibía Martín Gómez.
Los 45 minutos finales, contaron con un mal presagio en detrimento del rendimiento de los mendocinos. A los 7 se fue expulsado Luís Solís, por doble amonestación, faltas continuas y en mitad de cancha.
Tras cartón, Leopoldo De La Vega se lesionó y se allanó el camino en ese lateral para Chacarita, que tuvo mas respiro. Ingresó Martinelli para sostener el 1 a 0 impidiendo con su llegada a la zona media la labor del siempre capaz Gallardo.
Bloqueado el cinco, el azul fue por más, pero con menos chances ahora por altura, porque se resentía de su molestia anterior Ferrero y se metía en el partido Torres.
Salían y entraban nombres y Gómez con sus piques complicaba en la soledad de la punta izquierda, cuando el la tenía se esperanzaba el resto en su picardía y se alejaba de su figura, no lo rodeaban como debe y apelaban a su ingenio para tirar el centro a la olla. Mal aprovechado el chiquitín.
Chacarita era puro nerviosismo, pero no se daba por vencido. Tanto cargó su responsabilidad de empatar a cualquier precio, que en una de las tantas corridas de Figueroa por derecha, este ejecutó un centro preciso y Milla ni lerdo ni perezoso de cabeza puso la igualdad.
El local sintió el impacto, pero su desorden e irregularidad no lo dejo ver. El árbol le tapó el bosque.
Y a falta de 8 minutos para el cierre, Milla picó correctamente habilitado, Pomba y sus compañeros de bloque defensivo, que toda la tarde jugaron al filo de la navaja, le dieron el pase al triunfo.
El goleador remató al arco, pegándole casi con un papel en su pierna derecha, pero las manos de manteca de Vivaldo, le abrieron la sonrisa al nueve, que gritó por segunda ves. 2 a1.
El reloj de arena se quedó sin granitos y el Funebrero cantando de alegría por el parque, hizo escapar un par de lágrimas vacías en el congelado Bautista Gargantini.