Estremecido por ese silencio inocente, que desgarraba las entrañas y partía el alma. Sufría Independiente.
Marcado a fuego por los gritos sin ecos ni retumbes, pero que explotaban en los barrios bodegueros a borbotones
Estallaba Godoy Cruz.
Impávidos por la sonrisa naciente, que se dibujaba en el rostro del “lacayo David” que besaba su botín preciado.
Sufría Independiente.
Abrazados al sueño de volver y contenidos en sus alaridos controlados en el corazón mismo de su rival herido.
Estallaba Godoy Cruz
Era sufrir y estallar, era dolor y gozar, era morir y vivir, eran secuencias dignas de las obras de arte que el cine nos da.
Un clásico de tiempo modernos, con ingredientes sobrados para ratificarlo.
Una cancha desbordada, con miles de cuerpos azules trepados a la nave del olvido, funcionando a pleno y respirando una pasión indefinida, con la mística hecha carne y vida.
Del otro extremo, la nada. Solo once “caballeros troyanos”, escondidos en sus aspiraciones de otras magnitudes, apuntando a diferentes latitudes.
Un recibimiento de abucheos y solo una camiseta como estandarte.
Y el juego empezó. Con los azules presionando a los del medio y los de atrás. Con Gómez, De La Vega y Fernández imprimiendo juego por el sector derecho del ataque, pero abusando hasta el hartazgo de los centros a la olla que finalizaban en los acertados despejes defensivos.
La pelota era poder de los de Trotta, las intenciones y las eventuales chances también. Godoy Cruz no se hallaba, se escabullía entre lo que hacer y como hacerlo. Ramirez sin brújula, facilitaba la labor de los cuatro del fondo leproso. No entonaba Caruso y su cántico era desentonado.
El resto cuidaba lo que había.
La primera acción de trascendencia llegó a los 15´, cuando las piernas y los brazos de De La Vega y Moreyra se hicieron ásperas y Favale sin titubeos los envió a las duchas.
El período inicial arrojó como balance, una actitud mayormente ofensiva, pero con defectos en la puntada final por parte de Independiente y una extremado cuidado en las formas y el juego por parte de Godoy Cruz.
La segunda mitad tuvo un nuevo protagonista en cancha, Ferrero, que se coló entre los defensas tombinos intentando permitírsele un error, que no llegó.
El visitante prendió la mecha de la vocación por ir y Aguirre desfachatado y sin temores se arrinconó por la derecha y machacó con sus corridas arriesgadas.
Su improvisación y celeridad generaron demasiadas flaquezas en la ya adelantada defensa azul y su gestión tuvo premio, con un arranque suyo y una definición a puro coraje del chiquitín Fernández.
El gol tranquilizó al tomba e intranquilizó a la lepra, que perdido por perdido fue ciegamente a torcer la historia, que a esa altura y por las características del juego, ya parecía sentenciada.
Salomón también dejó la cancha, pero no hubo desesperación.
El pelotazo como único recurso no parecía ser problema para el endilgado expreso que respondía con contragolpes letales pero inefectivos. El “lacayo” David se los devoraba de a montones.
El tiempo pasaba, la desesperación se adueñaba de los locales y las buenas intenciones se esfumaban rápidamente.
Y el grito silencioso que invadió un aletargado Bautista Gargantini.
Godoy Cruz , el dueño del clásico
Con gol de David Fernández, Godoy Cruz venció 1 a 0 a Independiente, en el Bautista Gargantini, y lidera la B Nacional. El Expreso terminó con 9 jugadores por las expulsiones de Moreyra y Salomón. Mirá la galería de fotos y notas y videos del duelo.