A Independiente: ¿se le fue de las manos?

El desempeño de Daniel Raffa, el juez de la derrota de Independiente  el sábado ante Quilmes por 3 a 2, quedó en el centro de la polémica. Aquí el análisis de lo ocurrido en un partido increíble.

La Lepra perdió en Quilmes. Foto: fotobaires
La Lepra perdió en Quilmes. Foto: fotobaires

Por: Pablo Marcelo Pérez


Dejando de lado lo estrictamente futbolístico por unos instantes y basándonos específicamente en las secuencias de juegos acaecidas en el pleito debemos establecer una normativa básica para dilucidar la tarea del hombre de negro a lo largo de los 90 minutos: “Raffa es humano,  acierta y se equivoca como todos”.

Creyendo firmemente en esta expresión y basando su labor en la ausencia de favoritismos, podemos analizar su cuestionado trabajo, donde sin temor a error se puede plantear el juego de palabras en un partido que se le pudo ir de las manos a Independiente, o se le fue por "las manos" que le fueron dadas.

Cuando hacemos referencia al hecho de que el partido se le podría haber ido de las manos, no hacemos mas que remitirnos a como se fue dando con el paso del tiempo el devenir del partido.

Independiente ganaba el cruce hasta los 25 minutos del segundo tiempo por 2 a 0. En esos 70 minutos disputados, el azul mendocino había arribado al arco de Pontiroli en cuatro ocasiones y dos de ellas se habían ejecutado eficientemente, Giarrizo a los 5´del PT de cabeza y Ferrero a los 10´del segundo tiempo por la misma vía. Quilmes creo peligro en 6 oportunidades, ninguna tuvo el final deseado. Y el estadio entero insultaba  a Rodríguez que se comía una llegada tras otra.

La desesperación se hacía carne en el cuerpo de los baluartes locales y con ello la impotencia se presentaba en forma de juego brusco en la denodada tarea por al menos descontar. Martín Gómez, el “barrilete cósmico” del once de Trotta, tenía a mal traer a la desesperada defensa quilmeña y cada intervención suya era potencialmente una opción más para liquidar el duelo.

Pero, su habilidad era mal tratada y mal vista por los inoperantes cuatro del fondo, con el agregado del volante central que ayudaba también a pegar.

Era siempre foul y si pasaba a uno lo esperaban dos para darle. Daniel Raffa, con ese as en la manga que tienen los árbitros de interpretación según la ocasión, entendía que algunas eran para sanción disciplinaria de advertencia y otras solo situaciones de desestabilizar al adversario para cortar su acción y no con mala intención.

Mientras tanto Gómez vivía en el suelo.

A los 3´ , el chiquilín encaró por derecha, dejó la marca de Gorostegui de lado solo por un segundo, porque de costado el tres lo tiro de un empujón al piso. Nada dijo Raffa.

A los 15´, Gómez volvió a tomar ese andarivel para llegar al fondo y tirar el centro, pero se encontró con la pierna de Sosa que lo barrió de una. Nada dijo Raffa.

A los 16´, Gómez en una torpeza propia de los atacantes tocó a Pellejero en la zona media y Raffa vino corriendo desde 15 metros para ponerle la amarilla en sus narices.

A los 27´,  la pesadilla cervecera se cambió de punta y encaró a Sequeira lo pasó, encaró a Kalinski y cuando iba a superarlo, ¡ pum! al suelo. Nada dijo Raffa.

A los 29´, el turno de las patadas recayó sobre González Bordón que lo atendió sin número en tres cuartos de cancha. Nada dijo Raffa.

A los 37´, el pibe de Las Heras. Arrancó de mitad de cancha cruzando de izquierda a derecha y se le fugó a Sequeira, éste lo seguía de atrás y viendo que ya no lo alcanzaba lo trituró desde atrás, pegándole en la pierna derecha con rudeza y mala intención, sin mirar la pelota. Falta grave. Y Raffa reaccionó, amarilla. Era para roja directa y sin chistar.

A los 44´, lo despidieron de la primera parte con otra fulminante falta, cometida en esta ocasión por Sosa, sobre la izquierda y a metros del juez de línea. Nada dijo Raffa y pito el final.

Martín Gómez se acariciaba su pierna derecha y le pedía que aguantara. La Lepra hasta ese momento también aguantaba. Segundo tiempo en marcha y el calvario del mártir Gómez no parecía tener fin.

A los 7´, se la mostró a Kalinski unas vez por derecha y cuando enfilaba por izquierda el volante lo tumbó. Nada dijo Raffa.

A los 11´, un minuto después del segundo tanto leproso, el recién ingresado Ceballos debutó con el pibe en el partido, empujón y césped en la boca del juez. Nada dijo Raffa.

A los 28´, posterior al descuento de Rodríguez, el “barrilete cósmico”, se le escapaba silenciosamente a Alemanno - delantero el hombre - por mitad de cancha y este se avivó y lo encontró. Nada dijo Raffa.

A los 31´, instantes antes de su partida del partido, el chico de la película dramática, le amago ir por aquí a Pellejero y en el instante que se iba por allá, con una zancadilla se quedó acá. Nada dijo Raffa.

A los 34´, justicia por cuenta propia. Gómez furioso y en una acción desprovista de pensamiento, le dio de atrás a Sosa, segunda amarilla y salida cabeza mirando al piso para el malgastado delantero.

Diez veces le dieron a Gómez, solo una amonestación recibió alguno de sus agresores temporales.

A esta altura el partido se le había ido de las manos al árbitro, por no  sancionar como correspondía en algunas situaciones a los feroces jugadores de Quilmes y el duelo entró a desvirtuarse por esa razón. Después los seis minutos de descuento, casi ilógicos por el tiempo de pelota muerta, pero el cronómetro se lo compró Raffa;  un penal con gusto a duda, la patada de Pontirolli y la victoria del once de Martinez.

Aquí la pregunta no tiene una respuesta concisa. ¿Las manos que le fue dando?. Al menos Quilmes se fue acercando no tan temeroso ya de su impotencia futbolística por esos fallos de interpretación, que quedan a merced del que cobra un sueldo por su labor: arbitrar.

Como párrafo final, queda por mencionar que  Independiente tuvo una tarde bastante regular en su paso por el sur de Buenos Aires. Un once ordenadito, con buenas producciones individuales, de Pomba por ejemplo, mas allá de su expulsión o de Giarrizo, por su inquietante intención de ir siempre para adelante o por el trabajo descomunal de Gómez que siempre rinde.

Sin embargo, terminó careciendo de algo clave para estos choques complicados:  inteligencia para cuidar lo que tanto costo ganar y madurez para dejarle claro a cualquiera que está para la cosecha ya y no para seguir sembrando.