A mis compañeros de trabajo, a las federaciones y asociaciones deportivas, a mis amigos los clubes, a los orgullosos deportistas…en fin…”al deporte con quién mantengo un amistad de toda la vidas”.
Hombre, Maestro, Político, tratan que su vida y su obra semeje una campana cuyos sones sean escuchados por muchos. Otros se imaginan sembradores que esparcen, en su vida, muchas semillas. Unas germinan, otras se secan. Otras no salen nunca…el secreto está en la tierra que se caen. Es ella, esa esencia interior, esa “tierra que anda” que somos cada uno, lo que permite que fructifiquen.
En mi tarea quise repicar campanas, muchos oyeron, otros no tanto. Quise sembrar para que otros cosecharan su propio fruto…muchos levantaron el esfuerzo de su siembra, otros…no tuvieron vocación de siembra.
Tanto en el tañir de campanas como en el abrir surcos, puse mi mejor intención en la tarea y aboné con mi corazón la misma. Siento que lo hice con mi mejor sentimiento y por hallarme involucrado no puedo evaluar si lo poco es mucho o lo mucho es poco.
Dejo la honrosa tarea de conducir esta Subsecretaría con melancolía. Se que pude dar más, no viene al caso explicitar razones pero si pedir disculpas a aquellos que anhelaron otras cosas.
Celebro y aquilato mis aciertos con la misma vara que mido las fallas en las que he incurrido. Aquel barco del que un día tomé su timón, alcanzó buenos rumbos. Unos remaron con fuerza, con mucha fe y esperanza en el futuro. Otros remaron acorde a sus capacidades y otros disimularon su quehacer en el de otros. No obstante con disímiles esfuerzos hemos llegado a un puerto de buenas tierras.
La alegría y satisfacción que poseo, es que otros podrán continuar la travesía, pues mi barco…no navegó a la deriva.
Con esa seguridad, la calma que otorga el deber cumplido, el corazón satisfecho y pleno de reconocimiento, quiero agradecer a todos, la paciencia que me tuvieron y el apoyo que me brindaron.
Cuando la batalla termina, con triunfos o derrotas, siempre a quién la libró le acompaña el silencio y la soledad…sobre ello reflexiona y medita.
Con ese espíritu de introspección les digo adiós. Dejo una función y retorno a otra de muy sencilla faena, con idénticas ganas y empuje. Sustenta la misma vocación y fuerza interior que me brinda mi utopía persona a la que no renunciaré jamás.
La felicidad está en hacer de nuestras obligaciones un placer...
Yo… fui feliz en esta tarea…gracias.
Profesor Carlos Hugo Laterra
Subsecretario de Deportes y Recreación
Provincia de Mendoza