"El culto del ejemplo"

Coincidamos en algo: ver a "Los Pumas" cantando el Himno Nacional ha sido una de las postales más emocionantes de los últimos años para la Argentina.

En Argentina, estamos acostumbrados a creer que somos los peores en todo. Creemos eso y creemos que debemos tomar el ejemplo de los países del Primer Mundo, en particular europeos, que son ejemplo de civilidad, justicia, gobernabilidad y amor por el buen vivir. Tal vez, nosotros no seamos tan malos ni ellos tan buenos. Vamos a un ejemplo.

El viernes, en ocasión del traslado de cientos de piezas escultóricas al Nuevo Museo de la Acrópolis de Atenas, el gobierno de Grecia -una vez más- ha pedido al Museo Británico que le devuelva los llamados mármoles de Fidias. Se trata de un friso esculpido por el genial artista griego, allá por el siglo V antes de Cristo y que, actualmente, son exhibidos en el museo de Londres, en un amplio salón, muy bien iluminado, pero que nada tiene que ver el espacio para el que fue concebido. Hagamos historia, porque de este modo, tal vez encontremos alimento para preguntas del presente.

Hace 2.500 años, Fidias creó una gigantesca obra de arte llamada Partenón, un templo que era como una gran escultura a cielo abierto. Dentro de ella, el artista concibió un friso de mármol de 160 metros de largo, una verdadera maravilla, una prueba de la genialidad humana. El majestuosos Partenón, a lo largo de los siglos, fue iglesia (durante mil años), mezquita (durante 200) y recibió balas de cañón en el siglo XVII. Sin embargo, el friso permaneció intacto hasta principios del siglo XIX, mismos años de las invasiones inglesas en Argentina. Entonces, fueron arrancados y trasladados a Inglaterra, por obra y gracia, nada menos, que de un legislador británico llamado Thomas Bruce, Conde de Elgin, quien quería decorar su mansión. Esto, en cualquier país, es llamado robo, delito, salvajismo.

A partir de entonces, Inglaterra ha desoído cruzadas internacionales para que los mármoles sean repuestos a su espacio natural. Hay que decir que no sólo deben retornar, porque fueron robados, sino porque el Partenón es un todo y los frisos robados son una parte de él. Exhibirlos en otro espacio es como mostrar “El Juicio Final” de Miguel Angel (Capilla Sixtina, Vaticano), en el Museo de Arte Moderno de Nueva York o de Mendoza.

Grecia ha pedido que los devuelvan, acompañando su pedido por decenas de miles de firmas, entre ellas, algunas notables como Melina Mercouri, Vanessa Redgrave, Joanna Lumley, Judi Dench y Sir Sean Connery. También han manifestado apoyo países como Estados Unidos y Turquía y se ha formado una asociación para el retorno y hasta el Parlamento Europeo ha apremiado a Gran Bretaña para que los devuelva. ¿Qué ha dicho el gobierno inglés recientemente?: “Las discusiones en torno al asunto de las esculturas del Partenón tendrán lugar cuando sea apropiado y en el sitio apropiado”. Toda una respuesta políticamente correcta, que ya tiene doscientos años de ejercicio. Saquemos cuentas, entonces, de cuánto tiempo tardará Inglaterra en devolvernos las islas Malvinas.

Pues bien, la anécdota puede servirnos para que consideremos que habas se cuecen en todos lados y que podemos, como país, ponernos de lado de los ejemplos positivos, tal cual hicieron, “Los Pumas” en el Mundial de rugby de Francia.

Ellos lo hicieron y el mundo lo reconoció. Quizás si todos lo hacemos, el mundo se transforme en un sitio más decente para vivir.

Coincidamos en algo: ver a "Los Pumas" cantando el Himno Nacional ha sido una de las postales más emocionantes de los últimos años para la Argentina.